sábado, 14 de abril de 2012

E c o s d e l a V i g i l i a Pascual


Comparto este texto de la Dra. Teresa Ochoa rjm

LITURGIA Y VIDA
E c o s   d e   l a   V i g i l i a  Pascual

v LITURGIA DE LA LUZ
En el silencio de esta noche, en un mundo que “gime con dolores de parto”, como dice San Pablo a los Romanos, de un parto que se prolonga… aparece la Luz de Cristo en su victoria sobre la muerte…
Nos dejamos iluminar por ella: Cristo vive en nosotros y a través de nosotros El desea  irradiar su Esperanza, su Amor su Alegría… Hoy nos repite como a sus discípulos: “¡No teman!”
La Fe nos dice: ¡Cristo vive, su luz supera la oscuridad, el mal no tiene la última palabra!
v 
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS (1,1 SS)
           “En el principio creó Dios el  cielo y la tierra… que exista la luz… vio Dios que la luz era buena”…. En el momento de la narración de la creación del hombre, la postura de Dios Creador  toma otro cariz, allí  se percibe un íntimo barrunto  del Dios Amor, Uno y Trino, en estrecha relación, Unidad en la Pluralidad:   “Hagamos…”
           El amor es difusivo, llega hasta lo inconcebible: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza….  Hombre y mujer los creó el Dios Uno y Trino, en una íntima relación de de amor semejante al suyo; compartiendo su capacidad creadora de vida:  “Sean fecundos y multiplíquense…”
           Es repugnante la tergiversación de los grandiosos planes de Dios, cuando se llama “amor” a cualquier pasión sexual desordenada, haciendo de ese maravilloso don del sexo un mero instrumento de placer,  obedeciendo sólo a un impulso insaciable, bestial, --cuando llega a ser vicio— o, por lo menos por una debilidad malsana –por alejamiento de la fuerza y sabiduría de Dios, se encauza por sendas equivocadas,  dejando sólo un vacío que añora el vuelo hacia los altos valores del espíritu.  Porque Dios ha planeado el  ejercicio integral del amor del hombre y la mujer, en una unión conyugal creadora de vida, conducente a la auténtica felicidad.
   Y prosigue el libro del Génesis: “Que domine los peces del mar…las aves del cielo…”  El  Dios Amor desea compartir su Señorío sobre las creaturas con el hombre… Estamos llamados a la libertad de los Hijos de Dios, ¿por qué no empeñarnos en esta Pascua, en superar  nuestras grandes o pequeñas adicciones, que nos esclavizan? Jesús Resucitado nos invita a vivir su vida y a compartirla a nuestro alrededor, a trabajar en la construcción de un mundo mejor; pero, para ello,  miremos ante todo, nuestra propia realidad.
v 
CUESTION SOBRE LA LIBERTAD – EL MISTERIO DEL MAL MORAL

La voluntad humana tiene por objeto el bien, como la vista tiene por objeto la luz, o la inteligencia la verdad. Pero nuestra voluntad está hecha para el Bien Absoluto. Así  dice San Agustín: “Me hiciste, Señor para ti, e inquieto estará mi corazón hasta que descanse en ti.” En esta vida, percibimos directamente, sólo bienes limitados, no vemos cara a cara al el Bien Absoluto, a Dios. Por eso cabe la libertad de opción –podemos querer o no querer, querer esto o aquello. Y surge la posibilidad del mal moral;  aunque Dios nos da suficiente capacidad para buscarlo y conseguirlo, como la meta de nuestra vida, que nos hará plenamente felices, tenemos la terrible posibilidad de elegir soberbiamente el propio yo, de buscar una satisfacción egoísta  con desprecio a Dios y  su ley natural,  manifestada a través de la razón.
La realidad de nuestra fragilidad es evidente --se necesita estar en el colmo de la soberbia para no percibir nuestra impotencia cuando nos alejamos de Dios-- .  De allí la necesidad de su ayuda –que llamamos Gracia—, que Cristo nos ha ganado  a través de su vida, pasión, muerte y resurrección; y nos la sigue dando a través de su Espíritu Santo.
           Es por ello que, frente al mal que percibimos en nuestras familias, en nuestro México y en el mundo entero, repetimos confiadamente la invocación de la Vigilia Pascual al inicio del salmo 103:
           “¡Oh Señor, envía tu Espíritu que renueve la faz de la tierra!”

(Continuará)                                                                   Teresa Ochoa Godoy, R.J.M.

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