viernes, 11 de septiembre de 2015

Repensar el lenguaje religioso

Dibujo de Hermano Cortés
Uno de los problemas de las instituciones religiosas es la dificultad que tienen para adecuar el lenguaje de la época en que surgieron, a las culturas actuales. A veces pareciera que no están dispuestas -en aras de conservar la tradición- a ajustarse a las nuevas condiciones comunicativas. Así, suelen realizar diálogos de sordos entre los creyentes que viven en un mundo que evoluciona constantemente, y las creencias religiosas que se visten de un ropaje conversacional que ya no dice nada, porque se han perdido los puntos de contacto y el lenguaje se torna vacío.

Este tema fue expuesto en el Encuentro Diocesano de Evangelización y Catequesis celebrado en el Seminario de Guadalajara en agosto de 2015. El texto completo se puede descargar en el enlace siguiente:




En este encuentro, los responsables han tenido la audacia de pensar el tema del lenguaje, un asunto que no deja de ser polémico en una institución dos veces milenaria.

lunes, 17 de agosto de 2015

La necedad de querer encasillar al Papa

A partir de su elección y de los elementos simbólicos de que se despojó, muchos han atribuido al Papa Francisco una militancia de izquierda, e incluso hay quien le ha querido identificar con el paradigma de la teología de la liberación. Los progresistas piensan que Francisco es demasiado conservador; mientras que los conservadores creen que el Papa es demasiado condescendiente, sin marcar distancias y límites. Parecería que ambos sectores esperan anatemas para quien esté en contra de su postura. Pero esto no ha sucedido.

Una clave para entender  a Francisco, fue pronunciada por éste en su viaje a Brasil, cuando señaló que él era hijo de la Iglesia. Con esto, caen las banderas de progresistas y conservadores. 

Simplemente, Francisco identifica que es un cristiano que confiesa su fe en Jesús de manera pública. Desde el Evangelio, vienen sus distancias con el modelo neoliberal, con quienes desean desposeer a otros para enriquecerse a sí mismos. Sólo desde el Evangelio considerado criterio de actuación, se pueden comprender la defensa de los migrantes, la invitación a los jóvenes a desestabilizar a los que viven en la seguridad de sus propias creencias, la ubicación en las fronteras de la exclusión... 

Francisco es un Papa que busca vivir pastoralmente el Evangelio, sin demasiadas complicaciones. Las dificultades vienen cuando se intenta ser fiel a la fe, pues aparecen los que buscan mantener las estructuras, considerando que la pureza de la fe se defiende siendo "más papistas que el Papa".

El próximo 26 de agosto, a propósito de la Encíclica Laudato si, varios académicos dialogaremos sobre el tema. Ahí podremos ubicar no sólo el contenido de la Encíclica, sino el sentido y el trasfondo que la hace un documento peligroso para quienes desean moverse en el status quo. Están invitados. Otros eventos están programados para el 20 de agosto.

miércoles, 29 de julio de 2015

Catolicismo popular y catolicismo institucional


Existen por lo menos, desde la visión jerárquica dos maneras de hablar del catolicismo: el catolicismo institucional y el catolicismo popular. Ambos comparten un horizonte de significados pero no se identifica uno con el otro. De esta forma cada uno mantiene una identidad propia que no se diluye en el otro. Más aún, aunque presente uno al otro por compartir el campo religioso y en ocasiones convivir en la fe del pueblo, se trata de visiones diferentes y en momentos divergentes que la mayor parte del tiempo se ignoran mutuamente.

El catolicismo institucional representa la visión oficial de la Iglesia Católica Romana, por eso la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe busca preservar los elementos sustanciales de la fe. Este catolicismo se expresa en la institucionalidad, en el reconocimiento al sucesor de Pedro como vicario de Cristo, en la unión de los fieles con el obispo, en la aclaración de las verdades de fe y su aplicabilidad, por la función magisterial que tienen los obispos en comunión con el Sumo Pontífice. La recurrencia a la tradición se convierte en piedra angular para la toma de decisiones y establecer los matices de la práctica moral y ritual de los creyentes. 

El catolicismo institucional se hace presente a través de los rituales oficiales, tales como la celebración de los sacramentos de acuerdo a las rúbricas litúrgicas que vienen desde el Vaticano y que pueden adecuarse a la cultura de los pueblos pero con la aprobación última de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino. Una forma más oficial de expresar la postura de este catolicismo institucional se encuentra en los documentos pontificios, en las alocuciones de las catequesis generales del Papa y en aquellos mensajes que se leen ante los dignatarios de otros países; pero sobre todo, se consignan en las encíclicas, cartas pastorales y mensajes[1] que se redactan con motivo de las visitas ad limina[2] de los obispos a la sede de Pedro cada 5 años.

En esa tónica magisterial, los obispos de la región pastoral o de una misma conferencia episcopal presentan documentos para la circunscripción eclesiástica encomendada, con el fin de orientar la vida de los creyentes en materia de fe y costumbres, aunque en los últimos años se han emitido documentos de carácter político donde se reflexiona sobre la situación del pueblo mexicano ante diversas circunstancias, tales como las elecciones, la solidaridad, el uso de los medios de comunicación.[3]

Por otro lado, existe la visión del catolicismo popular o religiosidad popular. Esta modalidad llamada popular trata de la religión hecha experiencia personal por parte del creyente que se reconoce en el espejo de una tradición comunitaria. De acuerdo con José Luis González Martínez “la expresión catolicismo popular es una categoría elaborada por los pastores, los teólogos o los científicos sociales para referirse a un  modo de entender y vivir distinto de la propuesta oficial culta” .[4]

Se trata de una configuración distinta a la del catolicismo institucional que aparece como resultado de un proceso de resistencia de la propia identidad creyente. Se trata de una cosmovisión más utilitaria en términos de la construcción del sentido de vida. Así por ejemplo, las fiestas populares en torno a la celebración del santo patrono de la localidad adquieren un sentido diferente a las actividades que se realizan en el templo del lugar, llegando incluso a contraponerse. Dicha contraposición se puede descubrir en el discurso religioso que trata de “purificar” la fiesta de su carácter “pagano” para “acercar” a la gente a Dios. La fiesta con sus juegos eléctricos, peregrinaciones, tómbolas, juegos pirotécnicos, toritos, etc. se tolera como un mal necesario para que la gente se acerque a lo que el catolicismo institucional considera  primordial: la vinculación con Dios y su expresión en la participación de los sacramentos.

Este modelo de convivencia permitió justificar la existencia de dos tipos de católicos: los practicantes y los no-practicantes. Entendiendo que el carácter de practicante lo daba la participación en los eventos litúrgicos y en la aceptación de una moral prescriptita del modo de vida. Los católicos no-practicantes se convertían en un reto para las labores de evangelización y para los equipos pastorales que prueban su eficacia a través del acercamiento de los no-practicantes a las prácticas cultuales.

Sin embargo, esta forma de interpretar la pertenencia es limitada porque da la impresión de que la expresión de confesionalidad católica[5] unifica en las creencias, aunque no todos sean practicantes.





[1] Las encíclicas, cartas pastorales y otros documentos oficiales de la Iglesia Católica Romana se pueden leer en la página electrónica del vaticano www.vatican.va
[2] Las visitas ad limina apostolorum se refieren al encuentro que cada 5 años realizan los obispos de las regiones pastorales de la misma nación o reunidos como conferencia episcopal. Tienen la intención de informar al Papa del estado de cosas en la propia diócesis. Previamente se ha entregado un informe escrito desde el cual se reflexiona y se hacen las recomendaciones pertinentes por parte del Papa y de la Curia Romana.
[3] Para revisar los documentos redactados por la Conferencia del Episcopado Mexicano se puede acceder al sitio oficial www.cem.org o para una visión más amplia a la Conferencia del Episcopado Latinoamericano www.celam.org En ambos sitios se encuentran vínculos a las  diócesis y sus documentos.
[4] González Martínez, José Luis. Fuerza y sentido. El catolicismo popular al comienzo del siglo XXI, Ediciones Dabar, México 2002 p. 8
[5] En México, de acuerdo a los datos del Censo Nacional de Población continúa manifestando que la población se inscribe en el catolicismo como religión mayoritaria.

lunes, 27 de julio de 2015

Nuevos paradigmas para comprender la religiosidad



La religión suele ser un sistema cerrado de creencias, formulaciones rituales y formas de proceder en la sociedad. Los cambios en la religión ocurren muy lentamente, particularmente cuando el modo de comprender la realidad en las sociedades va modificándose.

Ante los cambios epistemológicos, los creyentes reacomodan sus conceptos y prácticas. Así, ocurre que el lenguaje religioso va incorporando matices a las creencias antiguas, sin embargo, los cambios suelen dejar intacto el corazón de las religiones, pero no de los sujetos creyentes.

En el siglo XX estamos asistiendo a una renovación de los paradigmas de conocimiento que inició a finales en los 80s. Esto permite replantearse el sentido de la religión, pero sobre todo el de la religiosidad.

José María Vigil, teólogo del pluralismo religioso, plantea en esta breve conferencia, -realizada en Guadalajara en 2014- desde su experiencia, el modo como los cambios van trastocando la percepción religiosa de las generaciones actuales.

jueves, 11 de junio de 2015

Reflexiones ante la violencia

Se ha vuelto lugar común señalar que la violencia y la inseguridad están a la vuelta de cualquier esquina.  La violencia se expresa de múltiples maneras, pero básicamente tiene su origen en una visión limitada del don  de la vida,  y del respeto a la persona en uno de sus derechos básicos: el derecho de vivir.

Cada vez es más frecuente escuchar que la violencia rodea  a miembros de nuestras familias,  a nuestros amigos o conocidos. Pero cuando la violencia nos ocurre a nosotros mismos,  se pone de manifiesto nuestra vulnerabilidad y la precariedad con la que vivimos.

Si bien no podemos estar de acuerdo con la violencia en cualquiera de sus formas,  el hecho mismo de ser susceptible a un acto violento,  pone de manifiesto que nuestra condición humana es caduca, limitada y por tanto, vulnerable.  Cuando pasa el acto de violencia,  se pierde la perspectiva de futuro,  que se recupera poco a poco cuando el tiempo permite tomar distancia.  Vivir un acto de violencia debe ser condenable a todas luces,  pero al mismo tiempo abre la posibilidad de situarse frente a la vida de una manera distinta.

Después de  un acto de violencia,  necesitamos explicarnos por qué somos violentos, y no sólo porque ocurrió el evento.  Al mismo tiempo,  se requiere canalizar la energía negativa que nos provoca la misma violencia,  y que nos lleva a pensar en la ley del Talión,  donde el “ojo por ojo” se percibe como un deseo que busca satisfacción. La violencia nos pone ante la posibilidad de considerar de qué manera construirnos como humanos,  cuando nuestra vida ha sido vulnerada.

Si bien la violencia tiene muchas causas,  en el fondo se explica,  por el deseo de imponerse al otro,  por el desconocimiento del valor y de la dignidad de cada uno. Al mismo tiempo, por el deseo egoísta de mirar sólo  por los propios intereses sin importar los del otro.


La violencia nos pone enfrente nuestras posibilidades:  reaccionar de la misma manera u  optar por el otro.  La ética del cuidado reacciona ante la violencia,  denunciando y abriendo caminos de preocupación por un mundo distinto.  La violencia nos señala que el cuidado como condición básica para vivir,  se nos olvida; y sin embargo se hace cada vez más necesario cuidarnos unos a otros,  de otra forma terminaremos cuidándonos unos de otros.

miércoles, 3 de junio de 2015

Buenas noticias para la iglesia de Yucatán

Yucatán y la ciudad de Mérida queda en la mentalidad de muchos mexicanos un poco lejana. Al estar en el sureste mexicano y en la zona de la península, las noticias, a pesar de las redes sociales, suelen llegar tarde o impactar de manera diferenciada. Sin embargo, el día de ayer una nota sacudió la tranquila ciudad. Se trata del nombramiento del nuevo arzobispo de Yucatán, el regiomontano Gustavo Rodríguez Vera. Se trata de un obispo relativamente joven, con 60 años de edad. Con una sólida formación en términos de la doctrina social cristiana, y con una clara preocupación por los pobres, y por ejercer el ministerio en Yucatán de manera cercana con los agentes de pastoral.

Esto le hacía falta a Yucatán. La estancia durante casi 20 años de Emilio Berlié, marcó un ciclo gris para una iglesia que transitaba hacia compromiso social. El anterior arzobispo de Yucatán se caracterizó por su cercanía a los grupos de poder, particularmente a los emanados del PRI; además de tomar distancia de los marginados, los desposeídos, y por condenar al ostracismo a los sacerdotes identificados con las causas populares y los derechos humanos. Lo mismo puede decirse de la distancia que tomó de las comunidades religiosas femeninas comprometidos con el pueblo. Berlié fue un arzobispo a modo para el sistema, emanado del llamado "Grupo de Roma", que tenía a la cabeza a Girolamo Prigione. En este grupo se identifica a obispos como Onésimo Cepeda, el cardenal Rivera, Juan Jesús Posadas, y sin ser obispo, a Marcial Maciel. Este grupo hizo mucho daño a la iglesia mexicana por su conservadurismo, su cercanía con el poder que le impide denuncias sólidas, y su alejamiento del Evangelio y de las causas de los pobres. Emilio Berlié es conocido desde su época de sacerdote en la ciudad Aguascalientes, por su carácter elitista. Por eso llama la atención que el nuevo arzobispo de Yucatán señale que tendrá tres prioridades: escuchar a todos los sectores particularmente a los sacerdotes de la arquidiócesis, enseñar a los demás la preocupación y el servicio a los pobres, y trabajar en estrecha colaboración con los agentes de pastoral, sacerdotes y religiosas.

Se trata de un cambio episcopal al estilo del papa Francisco. Si bien el nuevo arzobispo no entrará en conflicto con las autoridades locales, el estilo del Norte le vendrá muy bien a la arquidiócesis del sureste mexicano, a diferencia del estilo de Berlié, pues la acción pastoral seguramente tendrá un notable sentido social.

Uno de los retos del nuevo arzobispo es tomar distancia del arzobispo emérito, que ha mencionado su deseo de quedarse en Mérida. Emilio Berlié tenía la expectativa de continuar al menos dos años más al frente del obispado y celebrar 20 años como arzobispo. Nada sucedió. El papa Francisco le acepta la renuncia a los seis meses y 28 días de haber cumplido 75 años. Con este nombramiento el papa Francisco envía un mensaje el Episcopado mexicano, que debe leerse entre líneas: los nuevos obispos titulares de arquidiócesis deben tener un claro sentido del Evangelio que se encarna entre los pobres, y por otro, cercanía con los feligreses. Lo demás, las tareas administrativas, y la necesaria gestión pastoral podrá irse aprendiendo cuando el corazón está dispuesto y la mente se encuentra abierta a los criterios del Evangelio.

Parece que el nombramiento de Gustavo Rodríguez Vega, en el cargo de arzobispo es una buena noticia para la iglesia de Yucatán, que en general estaba cansada del estilo de Emilio Berlié y del culto a su persona que durante 19 años generó. Todo parece indicar que puede haber un giro evangélico en la iglesia de Yucatán.

domingo, 3 de mayo de 2015

Ética en tiempos de caos

La ética, es una reflexión sobre la vida misma, sobre las decisiones, y sobre consecuencias de las decisiones tomadas. De este modo, nada de lo humano es ajeno a la ética. Podríamos decir que es en lo humano, donde la ética encuentra su razón de ser; y es en la ética donde lo humano se humaniza, es decir, se vuelve más humano.

Los primeros meses del años 2015 han estado marcados por dos acontecimientos: las elecciones del 7 de junio de 2015, y la presencia del narcotráfico. En ambos casos los argumentos para describir y valorar  uno y otro escenario, son complejos. En el caso de las elecciones se encuentra casi de todo, menos propuestas que den sentido a la acción política. La crítica entre los contendientes, el uso fácil del insulto, el manejo de un lenguaje altisonante pero vacío, la discusión sobre el modo como los partidos ha ejercido el poder cuando lo han conquistado, etc. nutren el esquema de propaganda partidista. Sin embargo, nada se sabe de las propuestas. Las campañas políticas se han convertido en un caos.

Por otro lado, el narcotráfico sigue adelante, como no había sucedido en el país: Michoacán, Tamaulipas, Jalisco, junto con sus narcobloqueos son apenas una muestra del deterioro de la seguridad, pero también del deterioro de la libertad -mal entendida- gracias a la cual unos deciden participar en el crimen organizado atentando contra los demás. Se trata de otro caos.

¿Qué puede decir la ética en tiempos de caos?

Ante todo, la ética es una acción de las personas, no de las instituciones. Son las personas las que tienen ética o no. Los partidos políticos, las instituciones -sean gubernamentales o no-, los cárteles de la droga y cualquier organización no tienen ética, se dediquen a lo que se dediquen. 

La ética es sólo prerrogativa de los seres humanos que se sientan a pensar con detenimiento en el valor de sus acciones, en el sentido que puede tomar la convivencia, cuando se decide una u otra cosa. 

Una ética para tiempos de caos comienza cuando los seres humanos nos preguntamos ¿qué sentido tiene vivir como lo estamos haciendo? ¿hacia dónde nos conducen las acciones que estamos tomando o que estamos dejando de realizar?

En tiempos de caos como los que vivimos, la ética va más allá de las preguntas anteriores, que podrían quedarse en el plano de la elucubración teórica que muy poco servicio aporta a la construcción de la convivencia, cuando no se traduce en acción concreta. Aquí aparece entonces la otra cara de la ética: la ética es práctica. Muchos hablan de ética en términos teóricos, pero muy pocos en términos prácticos. 

A fuerza de querer tolerar todo, hoy toleramos caos de todo tipo. Dos manifestaciones del caos que no podemos tolerar en nombre del respeto, son las campañas políticas tal como están, y el narcotráfico esté como esté. 

Los memes que circulan sobre partidos y narcobloqueos, muestran apenas la cara del hartazgo de una sociedad que empieza a protestar débilmente. Pero en una sociedad caótica, los memes poco servicio prestan a la reflexión ética y al posicionamiento práctico para rechazar estas acciones. Se necesita una forma distinta para pensar la convivencia.

Esta conferencia se presentó en Iteso en 2024 para ofrecer una reflexión sobre el legado y el impacto de Jorge Manzano SJ en el fomento del ...