jueves, 5 de octubre de 2017

¡Hereje! nueva batalla en la guerra contra el Papa

Los grupos conservadores y tradicionalistas católicos señalan que la acción pastoral del Papa Francisco muestra fisuras en la fidelidad a la doctrina. Nada más falso: Francisco no ha modificado un ápice la doctrina católica, sólo ha cambiado el enfoque, de modo que a diferencia de los papados anteriores no está preocupado primariamente por la doctrina de la fe -pues esa ya está firme-, sino por la fidelidad comprometida con su fe religiosa, con la pastoral encarnada.


Desde el inicio de su pontificado y aun antes, llamaron la atención los planteamientos críticos a una iglesia autorreferencial, más preocupada por la condena de los que piensan diferente, que por la opción por el pueblo pobre de Dios. Al mismo tiempo, a muchos conservadores les causó escozor la indicación de salir a las periferias existenciales, porque significaba desinstalarlos de su lugar de comodidad. El mayor problema vino cuando dirigiéndose a los obispos les pidió no tener psicología de príncipes, y eligiendo a varios más cercanos para el puesto a aquellos que cubren el perfil de "sacerdotes con olor a ovejas". Pero la declaración de guerra evangélica, vino en diciembre de 2014 cuando se dirige a la curia romana para señalarle la enfermedad después de realizar un diagnóstico sobre 15 enfermedades. Entre ellas destacan: la enfermedad de sentirse “inmortal”, “inmune”, o incluso indispensable, el “martismo”, que viene de Marta, la excesiva laboriosidad, la “fosilización” mental y espiritual, una planificación excesiva y del funcionalismo, la enfermedad del Alzheimer espiritual...

Las cosas han ido escalando y el conflicto entre el Papa y los conservadores, se ha expresado en distintos planos, particularmente en el de la resistencia pastoral de muchos obispos, y en el de las ideas. Las "dubia" -dudas expresadas por cuatro cardenales- dejaron claro que se trataba de un encañonamiento al Papa cuando la única respuesta posible era si o no, sin posibilidades de explicación. El Papa no contestó. Posteriormente vinieron las amenazas del Cardenal Burke de una corrección filial al Papa. En los últimos días han aparecido dos nuevos frentes de batalla, el del dolido Cardenal Müller, ex prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe -que no fue destituido sino no ratificado al terminar su nombramiento-, que clama por un debate teológico bajo el esquema escolástico con el Papa, al que no se atrevió a cuestionar antes. La batalla del momento es protagonizada por un grupo de teólogos que ha redactado un documento de veintiocho páginas con el nombre de Correctio filialis de haeresibus propagatis, que tiene ya su propia página web. Se trata de un ataque frontal al Papa al que se acusa de hereje y de manera ambigua se le declara afecto filial. El inicio de la carta señala: 
Con profunda aflicción, pero impulsados por la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, por el amor a la Iglesia y al papado y por la devoción filial hacia Usted, nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad, a causa de la propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica Amoris laetitia y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad.
Con lo anterior, la batalla se traslada al campo ideológico, pues los otros terrenos, el de la pastoral, el mediático, el de la política de Curia Romana, y el del manejo de las finanzas, poco ha poco se ve perdido por los conservadores. La reacción de Francisco ha sido la del silencio, lo que no implica no operar. Distintas voces en la Iglesia han mostrado su apoyo al Papa Francisco. Al mismo tiempo ha llamado de nuevo al Cardenal Burke, personaje visible de la resistencia al Papa y que había amenazado con esta corrección que si bien no tiene su firma, es posible detectar su sello.  Muchos analistas se han preguntado qué sentido tiene traer a casa a un enemigo, pero una lectura distinta permite observar que se puede tratar de una estrategia del Papa para enfrentar a los conservadores y tradicionalistas, porque pone a Burke en un lugar visible que le impide moverse libremente, y al mismo tiempo permite evidenciar si se presenta como colaborador o detractor del Papa.

La nueva batalla podría ser la destitución de cardenales que han dejado de ser colaboradores, en el sentido queseñalan los cánones 349 y 365 del Derecho Canónico: 
Canon 349 - Los Cardenales de la Santa Iglesia Romana constituyen un Colegio peculiar, al que compete proveer a la elección del Romano Pontífice, según la norma del derecho peculiar; asimismo, los Cardenales asisten al Romano Pontífice tanto colegialmente, cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más importancia, como personalmente, mediante los distintos oficios que desempeñan ayudando sobre todo al Papa en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal.
Canon 356 Los Cardenales tienen el deber de cooperar diligentemente con el Romano Pontífice

Lo anterior explica por qué hasta el momento, ningún cardenal ha firmado esta "Correctio" y los que enviaron las dubia las formulan a manera de preguntas. Se cuidan las espaldas, pues no sería la primera vez que un Papa destituye cardenales, esa es la razón por la que sólo señalan que el Papa genera desconcierto y confusión; y han dejado a los laicos la corrección y el hecho de atribuirle a su labor pastoral la cualidad de herejía. Este es un episodio más de la reforma de la Iglesia, donde un cisma es posible... que si es por la fidelidad a los orígenes, bien le ayudaría a la iglesia para que salieran de ella los que caminan en sentido contrario, pues en el fondo, quienes consideran al Papa un hereje, están solicitando su dimisión, pues desean un Papa a modo.

No hay comentarios:

La muerte no es el final del camino. Símbolos y ritos ceremoniales en el catolicismo

Conferencia presentada en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara : "La mue...