
¿Qué implica esto? en principio, que las acciones están alineadas al servicio de la evangelización. Ello significa que los religiosos cuando se relacionan con el mundo se muevan en él con -al menos- cierta criticidad, sin servirse de él.
En México por las circunstancias históricas derivadas de la revolución, y el marco establecido por el Art 124 Constitucional, el uso de los signos religiosos, estaba prohibido pero al mismo tiempo, se trataba de una norma que fácilmente se transgredió. Es hasta 1992 cuando los cambios a dicho artículo permiten cambios, entre ellos el del uso del hábito en los espacios públicos y no solo dentro de los templos.

Para establecer la observación anterior, no puede dejarse de lado, el reconocimiento de que el hábito religioso, comenzó siendo la ropa de los pobres y no un signo de distancia y privilegio como parece ser hoy, en varios casos.
Esta conducta, en lugar de ser un testimonio parece convertirse en un antitestimonio. Esta cuestión parece olvidarse a algunos religiosos, que van más allá de vivir en la justa medianía de carácter evangélico, y que en contraposición parecen no reconocer la fuerza de la evangelización de los pobres -de la que se distancian-, para preferir, a pesar de sus votos, apostarle a cierta teología de la prosperidad.
Vaya esta colaboración como la expresión de una preocupación por las prácticas observadas en los últimos días, desarrolladas por un grupo de religiosos de la localidad.
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