jueves, 17 de mayo de 2012

Pronunciamiento ético de iglesias, organizaciones y personas de fe

PRONUNCIAMIENTO ÉTICO DE IGLESIAS, ORGANIZACIONES Y PERSONAS DE FE

Frente al Proceso Electoral 2012


Nuestra nación atraviesa momentos de dolor y desesperanza ante la inseguridad y la violencia que padecemos quienes habitamos en ella. Ante esta situación, declaramos que México vive una situación de emergencia nacional marcada por la pobreza extrema, las muertes, desapariciones forzadas, feminicidios, la violación sistemática a los derechos humanos, la corrupción e impunidad de las autoridades y la falta de garantías de acceso a la justicia.

Es imperativo que todas y todos reconozcamos esta alarmante situación, y de manera especial quienes hoy aspiran a gobernar el país, para que asuman junto con toda la sociedad mexicana su responsabilidad en la necesaria reconstrucción de la paz y la justicia social.

Por ello, con la fe y esperanza que nos animan en este momento de dolor, hacemos un llamado a las y los candidatos a ocupar los poderes ejecutivo y legislativo de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) a que, asumiendo un proceso electoral transparente, participativo y democrático, se comprometan a:
1. Proteger, respetar y garantizar la vida digna de las ciudadanas y ciudadanos mexicanos, generando las máximas condiciones para el ejercicio de los derechos humanos integrales desde principios éticos que posibiliten vivir una vida con altura humana y poniendo un especial acento en la escucha, reconocimiento y atención a las demandas de las víctimas de la injusticia, la violencia, la exclusión y la discriminación en todas sus modalidades.

2. Promover una política de Estado que garantice la progresividad de los derechos humanos, generando las condiciones necesarias para establecer un nuevo pacto social fundado en la justicia, la equidad, la solidaridad y la paz, mediante la reforma estructural de las instituciones del Estado.

3. Fortalecer y garantizar la laicidad del Estado como principio fundamental que establece las condiciones de un trato igualitario a las personas indistintamente de sus creencias, convicciones, sexo, raza, género u orientación sexual. La dignidad humana exige que se respete por igual la libertad de conciencia y la libertad de toda persona a tomar sus propias decisiones, y el Estado laico, desde un espacio imparcial, posibilita el ejercicio pleno de estos derechos. La laicidad al reconocer y respetar la diversidad y pluralidad política, social y religiosa que se vive en nuestro país, sienta las bases para la convivencia pacífica en armonía y sin discriminación.

4. Reforzar mecanismos efectivos de promoción de la participación, acceso a los espacios de poder y decisión de todas las mujeres y en particular aquellas sistemáticamente excluidas. Promover políticas públicas desde una perspectiva de género y de derechos humanos que garanticen el pluralismo y la diversidad, particularmente en lo concerniente a la salud de todas las mujeres.

5. Garantizar el acceso y permanencia de una educación integral, gratuita y de calidad, científica, laica, que no refuerce la discriminación ni la violencia en especial hacía grupos excluidos: mujeres, indígenas, de la diversidad sexual, minorías religiosas; que genere oportunidades reales de desarrollo y que respete y promueva valores democráticos tales como el respeto, la fraternidad, la corresponsabilidad, la justicia social, la paz, la tolerancia y la inclusión.

6. Implementar un nuevo modelo de desarrollo que fomente transformaciones socioculturales y productivas tendientes a erradicar los rezagos sociales manifestados en el desempleo, bajos salarios, carestía, abandono del campo, despojo de tierras, devastación ambiental, pérdida de soberanía alimentaria y migración forzada.

7. Hacer cambios radicales en la equivocada política de gobierno que ha militarizado el país y generado un clima de violencia extrema. Establecer con especial urgencia, las medidas necesarias para la paulatina desmilitarización del país y su reconstrucción desde una paz con justicia, para que se resuelva y esclarezca esta situación de violencia que en sus múltiples manifestaciones vive el país, yendo a las raíces estructurales de índole económica, política, social, cultural que la generan.

Como iglesias, organizaciones y personas de fe manifestamos nuestro firme compromiso de vigilar y coadyuvar el cumplimiento de estas inaplazables demandas éticas y convocamos a toda la sociedad a que se sumen a esta tarea para un cambio de rumbo inaplazable para nuestro país.

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La modalidad para firmar será como persona y/o como organización, en la página del Observatorio Eclesial se ha creado un link para que se firme desde allí http://www.observatorioeclesial.org.mx/. También pueden hacer links en sus propias páginas y las firmas que les lleguen enviarlas a observatorioeclesial@gmail.com.

lunes, 23 de abril de 2012

LITURGIA y VIDA. Ecos de la Vigilia pascual ( II)


Nuevamente la Dra. Teresa Ochoa, Religiosa de Jesús-María, desde Mérida, 
comparte con nosotros la segunda parte de sus reflexiones sobre la 
Vigilia Pascual a la que ha llamado: "ecos de la vigilia". 
Ojalá sean útiles para pensar la vida pascual. 
Al final el recuerdo  del Pregón Pascual.


v El “ALELUYA” DE  PASCUA
En el silencio y oscuridad de la noche surge la luz de Cristo y estalla el canto del  “¡ALELUYA!”—silenciado durante la Cuaresma… signo de la victoria de Cristo sobre  la muerte y los poderes de la oscuridad… Al “hosanna” que sepulta a Cristo, responde el “aleluya” de su Resurrección. 

Para San Agustín, “aleluya”  es “expresión de bondad, de alegría, de gozo pleno, de dulzura y de suavidad”. Un niño lo ha expresado como “¡yupi!”.

Para nosotros, el “aleluya” de la Resurrección  es  “alegría” plena, profunda; no es como la alegría que ofrece el mundo… es como la luz de nuestras velas encendidas en el Cirio de Pascua, símbolo de Cristo, llamada  a difundirse, a   “contagiar” la Vida del Resucitado,  que hace triunfar al ser humano sobre la muerte y el mal. 

Esto coincide con el reciente mensaje  de Benedicto XVI a los niños reunidos en la Plaza de la Paz en Guanajuato:
“Dios quiere que seamos siempre felices. El nos conoce y nos ama. Si dejamos que el amor de Cristo cambie nuestro corazón, entonces nosotros podremos cambiar el mundo . Ese es el secreto de la auténtica felicidad.”

v  RENOVACIÓN DE LOS COMPROMISOS BAUTISMALES: RENUNCIA A SATANÁS Y PROFESIÓN DE FE
      Solemnemente,  de pie, sosteniendo nuestra vela encendida, hemos renovado nuestra propia vivencia del Misterio Pascual: hemos sido sepultados en Cristo en el Bautismo para vivir una vida nueva.  Para ello renovamos la renuncia a Satanás y proclamamos nuestra Fe en Dios Vivo y Verdadero,  y en su Hijo Jesucristo.
      Cuántas veces en la   Misa dominical, recitamos el Credo mecánicamente, sin percatarnos de la renuncia que supone nuestra fe. Podemos caer en un engaño, imaginando  que seguimos a Cristo sin renunciar en serio a los “anticristos”. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, nos pone en guardia para prevenir o remediar esta falacia;  allí él ofrece una “Meditación de dos banderas” para conocer “los engaños del caudillo [Lucifer] … y la vida verdadera que muestra el sumo y verdadero capitán [Cristo]” .

Dice San Ignacio que Lucifer llama a    innumerables demonios y los esparce por todas partes, sin dejar persona alguna;  y los amonesta a “echar redes y cadenas: que primero hayan de tentar de codicia de riquezas, … para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2º de honor, y el 3º de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.” ( Ejercicios… 142)
     
San Ignacio nos muestra   las estrategias de Cristo, diametralmente opuestas a las de Lucifer: Cristo escoge personas, apóstoles, discípulos para militar bajo su bandera, encomendándoles que ayuden a todos a ascender por  tres escalones: “el primero, pobreza contra riqueza, el 2º, oprobio o menosprecio contra el honor mundano: el 3º, humildad contra la soberbia: y de estos tres escalones induzcan a todas las otras virtudes.” (Ibíd., 146)

Esta meditación ignaciana tiene toda la fuerza de la única lección explícita de Jesús en   el Evangelio: “…aprendan de mí, que soy apacible y humilde de corazón; y hallarán descanso….” (Mateo 11,29). “Descanso” aquí es sinónimo de “PAZ”, o “tranquilidad en el orden”, en la posesión del único Bien que satisface plenamente nuestros apetitos.  

Acojamos los raudales de gracia que nos ofrece Cristo Vivo, apacible y humilde; con Él superaremos  efectivamente y sin armas mortíferas, la violencia y tantos males socio-políticos que aquejan a nuestro México… entonces entonaremos con sentido y con plena felicidad el “aleluya” de la Pascua.

Teresa Ochoa Godoy,R.J.M.
Mérida, Yuc., abril de 2012.



sábado, 14 de abril de 2012

E c o s d e l a V i g i l i a Pascual


Comparto este texto de la Dra. Teresa Ochoa rjm

LITURGIA Y VIDA
E c o s   d e   l a   V i g i l i a  Pascual

v LITURGIA DE LA LUZ
En el silencio de esta noche, en un mundo que “gime con dolores de parto”, como dice San Pablo a los Romanos, de un parto que se prolonga… aparece la Luz de Cristo en su victoria sobre la muerte…
Nos dejamos iluminar por ella: Cristo vive en nosotros y a través de nosotros El desea  irradiar su Esperanza, su Amor su Alegría… Hoy nos repite como a sus discípulos: “¡No teman!”
La Fe nos dice: ¡Cristo vive, su luz supera la oscuridad, el mal no tiene la última palabra!
v 
LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS (1,1 SS)
           “En el principio creó Dios el  cielo y la tierra… que exista la luz… vio Dios que la luz era buena”…. En el momento de la narración de la creación del hombre, la postura de Dios Creador  toma otro cariz, allí  se percibe un íntimo barrunto  del Dios Amor, Uno y Trino, en estrecha relación, Unidad en la Pluralidad:   “Hagamos…”
           El amor es difusivo, llega hasta lo inconcebible: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza….  Hombre y mujer los creó el Dios Uno y Trino, en una íntima relación de de amor semejante al suyo; compartiendo su capacidad creadora de vida:  “Sean fecundos y multiplíquense…”
           Es repugnante la tergiversación de los grandiosos planes de Dios, cuando se llama “amor” a cualquier pasión sexual desordenada, haciendo de ese maravilloso don del sexo un mero instrumento de placer,  obedeciendo sólo a un impulso insaciable, bestial, --cuando llega a ser vicio— o, por lo menos por una debilidad malsana –por alejamiento de la fuerza y sabiduría de Dios, se encauza por sendas equivocadas,  dejando sólo un vacío que añora el vuelo hacia los altos valores del espíritu.  Porque Dios ha planeado el  ejercicio integral del amor del hombre y la mujer, en una unión conyugal creadora de vida, conducente a la auténtica felicidad.
   Y prosigue el libro del Génesis: “Que domine los peces del mar…las aves del cielo…”  El  Dios Amor desea compartir su Señorío sobre las creaturas con el hombre… Estamos llamados a la libertad de los Hijos de Dios, ¿por qué no empeñarnos en esta Pascua, en superar  nuestras grandes o pequeñas adicciones, que nos esclavizan? Jesús Resucitado nos invita a vivir su vida y a compartirla a nuestro alrededor, a trabajar en la construcción de un mundo mejor; pero, para ello,  miremos ante todo, nuestra propia realidad.
v 
CUESTION SOBRE LA LIBERTAD – EL MISTERIO DEL MAL MORAL

La voluntad humana tiene por objeto el bien, como la vista tiene por objeto la luz, o la inteligencia la verdad. Pero nuestra voluntad está hecha para el Bien Absoluto. Así  dice San Agustín: “Me hiciste, Señor para ti, e inquieto estará mi corazón hasta que descanse en ti.” En esta vida, percibimos directamente, sólo bienes limitados, no vemos cara a cara al el Bien Absoluto, a Dios. Por eso cabe la libertad de opción –podemos querer o no querer, querer esto o aquello. Y surge la posibilidad del mal moral;  aunque Dios nos da suficiente capacidad para buscarlo y conseguirlo, como la meta de nuestra vida, que nos hará plenamente felices, tenemos la terrible posibilidad de elegir soberbiamente el propio yo, de buscar una satisfacción egoísta  con desprecio a Dios y  su ley natural,  manifestada a través de la razón.
La realidad de nuestra fragilidad es evidente --se necesita estar en el colmo de la soberbia para no percibir nuestra impotencia cuando nos alejamos de Dios-- .  De allí la necesidad de su ayuda –que llamamos Gracia—, que Cristo nos ha ganado  a través de su vida, pasión, muerte y resurrección; y nos la sigue dando a través de su Espíritu Santo.
           Es por ello que, frente al mal que percibimos en nuestras familias, en nuestro México y en el mundo entero, repetimos confiadamente la invocación de la Vigilia Pascual al inicio del salmo 103:
           “¡Oh Señor, envía tu Espíritu que renueve la faz de la tierra!”

(Continuará)                                                                   Teresa Ochoa Godoy, R.J.M.

domingo, 8 de abril de 2012

Pascua: una fiesta más allá de conejos y huevos de chocolate.


La Pascua es una fiesta compartida. Desde su origen, el mandato bíblico gira en torno a una fiesta comunitaria. Los judíos debían celebrar en familia la cena de Pascua, y si se trataba de una familia pequeña, debían invitar a otra para cenar juntos, hasta dar cuenta del cordero sacrificado, en recuerdo del Paso del Señor.

Los cristianos, deudores de muchas de sus costumbres del pueblo judío, pero sobre todo de sus textos sagrados, y de la Promesa de Salvación, comenzaron haciendo lo mismo. El significado de la Pascua se ajustó para declarar la Pascua cristiana como el paso de Jesús de la muerte a la vida.
Lo que se mantuvo en ambas tradiciones fue la comunitariedad como elemento central para expresar la fe.
Así, los cristianos en la noche de Pascua, rezan alrededor del fuego nuevo, y en grupo escuchan 9 lecturas que preparan al anuncio gozoso de la resurrección.
La fiesta de la comunidad cristiana, se extiende cincuenta días en que la palabra “aleluya”, se escucha frecuentemente, como expresión de alegría. Por eso escuchar estos días, “Felices Pascuas” no es sólo asunto de huevos escondidos y de niños disfrazados de conejos. Se trata de reconocer la existencia de la vida y su posibilidad de recrearla en medio de la comunidad.
La Pascua en ambas tradiciones –judía y cristiana- refleja varias cosas que no se pueden perder de vista, aunque no se viva religiosamente: por una parte, expresa la fe del pueblo creyente en la presencia de su Dios enmedio de su historia; por otra, muestra la experiencia del pueblo que cree de manera comunitaria y construye a su modo, la comunidad; finalmente, la Pascua expresa el regocijo de saberse amado por Dios. Por eso, el saludo “Felices Pascuas”, es un elemento central de expresión de esta fe comunitaria en la acción de un Dios histórico que acompaña a los creyentes en la construcción de la vida.
Así que, “Felices Pascuas”
Publicado en Proyecto Diez 8 de abril, 2012

jueves, 29 de marzo de 2012

El dilema moral de la desigualdad

La imagen del mundo por la noche, refleja un problema ético que pocas veces se ha considerado: el de la desigualdad, la pobreza y la limitación al acceso de los beneficios de la ciencia y la tecnología. La afirmación surge de la consideración de la iluminación en el mundo. Como se observa en la imagen, el hemisferio norte presenta mayor luminosidad, es decir, Europa y el norte de América son los espacios de mayor desarrollo frente a América del Sur y África.

El problema de la globalización es que plantea la existencia de iguldad de condiciones, al suponer que la aldea global nos ha alcanzado. Sin embargo, no parece ser así. Sin embargo hay que reconocer que gracias a los esfuerzos de la ciencia y la técnica globalizadas, podemos decir que estamos ante un dilema moral fuerte.


martes, 27 de marzo de 2012

Análisis de la visita de Benedicto XVI. Observatorio Eclesial.

ANALISIS DE REFLEXIÓN:
CONTEXTO POLÍTICO- ELECTORAL Y RELIGIOSO EN EL MARCO DE LA VISITA DE BENEDICTO XVI A MÉXICO

Contexto y pretextos de la visita de Benedicto XVI a México

¿A qué vino el guardián de la Iglesia católica?

En un momento en que es indudable la crisis de la iglesia católica en México y el mundo, el otrora guardián de la ortodoxia católica, hoy cansado guardián de todo el universo católico, se aprestó a visitar tierras mexicanas y caribeñas. ¿A qué vino? O mejor, ¿por qué viene? ¿Qué espera conseguir con este arriesgado y controvertido viaje que, a su vez, toma al país en una de las peores crisis de su historia?

 
Para algunos podría resultar hasta providencial que Benedicto XVI venga a México en tales circunstancias, pues lo miran como el salvador triunfante del cristianismo en un mundo decadente, y en tal caso podría salvar a nuestra nación, como por arte de magia, del abismo sin fondo en el que cae por el profundo deterioro social, político y económico en que la han sumido sus gobernantes. Como si este adusto y poco carismático personaje, que a diferencia de su predecesor, ha demostrado poca (cuando no nula) simpatía por nuestra nación y un evidente desconocimiento de la realidad de nuestro continente latinoamericano y caribeño, pudiera con su sola presencia transformar la realidad de nuestro país.

Aunque él mismo así lo creyera, y no dudo que muchas otras almas ingenuas también, la realidad es otra. Para muchas y muchos otros, la del supremo jerarca de la iglesia católica no es una visita providencial, sino más bien inconveniente, irresponsable y hasta inútil. Inconveniente por las álgidas condiciones de violencia social que hoy vivimos en México, y en las que lo que menos necesitamos son “shows” religiosos mediáticos que permitan a las autoridades políticas y religiosas esconder la inocultable situación de inseguridad que vivimos y a la población creyente evadir su ineludible e impostergable tarea en la construcción de una paz que nazca de la justicia.

Irresponsable también, por el contexto de alta polarización política e igualmente alarmantes índices de pobreza, desigualdad y discriminación que se viven en nuestro país, ante lo cual la visita papal puede, en un sentido, influir negativamente en el proceso electoral inmediato al pretender inclinar la balanza hacia los sectores más conservadores de la política nacional, mediante un discurso religioso que con seguridad vulnerará el de por sí débil marco jurídico mexicano en materia de laicidad, que no sólo señala una clara separación entre la iglesia y el Estado, prohibiendo a aquella realizar actos de proselitismo electoral en sus actos de culto, sino también y sobre todo impulsa la igualdad de todas las personas y creencias ante la ley, así como la no discriminación. Cuando la jerarquía católica, y en este caso su máximo jerarca (además extranjero), intentan imponer en lo público sus particulares y poco fundamentadas concepciones de la moral y la sexualidad, violan la ley; y cuando se pronuncian abiertamente contra la libertad y diversidad real de las familias y las preferencias sexuales, promueven la discriminación y el escarnio, violan la ley civil, y sus propias leyes religiosas que se basan en el amor y la libertad.

Finalmente la visita de Ratzinger a México resulta inútil e insuficiente para las pretensiones de los líderes eclesiásticos católicos de salvar a la iglesia de la crisis en que se encuentra, y que no es sólo estadística (en cuanto al acelerado proceso de descatolización que vive nuestro país) sino sobre todo institucional y ética, debido a la incongruencia entre el discurso y el modus vivendi de la jerarquía católica, pero sobre todo a la profunda y dolorosa herida que representan en su seno los no fortuitos ni insignificantes casos de abuso sexual a menores y mujeres por parte de sacerdotes. Como ha sido evidenciado en países como Estados Unidos, Irlanda, Holanda, entre otros, no se trata de un problema aislado en la iglesia católica, sino que existe de facto una especie de red criminal de protección a pederastas, que permite su proliferación, así como la impunidad e imposibilidad de acceso a la justicia penal por parte de las víctimas.

Esto ha sucedido de manera particular en México, donde se ha probado la responsabilidad penal del arzobispo primado, cardenal Norberto Rivera Carrera, en el encubrimiento, protección y fuga del sacerdote pederasta Nicolás Aguilar, responsable de más de 100 abusos sexuales a menores en México y Estado Unidos. Actualmente Rivera Carrera enfrenta un juicio por estos delitos en una corte federal en California. La sola presencia del papa en tierras mexicanas no borrará automáticamente este y otros tantos delitos de abuso sexual que la jerarquía católica ha querido mantener en la oscuridad, y cuyo caso emblemático ha sido el de Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo, menos aún cuando la agenda del obispo de Roma por tierras cristeras ha cerrado la posibilidad a un encuentro con las víctimas del padre Maciel, cuyos casos conocía desde que encabezaba la Congregación para la Doctrina de la Fe en El Vaticano.

A estas alturas, la pregunta que inaugura este artículo no sólo reclama una respuesta abierta y honesta por parte de las altas autoridades políticas y religiosas de nuestro país; su carácter interpelativo expresa también nuestra inconformidad, no complacencia, con el tiempo, forma y fondo de la visita de Benedicto XVI a México. Y es que su primer contacto con la Iglesia mexicana no será este 23 de marzo, se remonta a mediados de la década de los ochenta: cuando aún era el cardenal Joseph Ratzinger, y apenas a unos años de haber sido nombrado guardián del ex-santo oficio, inauguró su oscura carrera de detractor de la teología de liberación ordenando el cierre de los institutos teológicos afines a ella, y a la opción preferencial por los pobres, en casi todos los países de América Latina; de los primeros entre ellos, el Instituto Teológico de Estudios Superiores (ITES), impulsado por la Confederación de Institutos Religiosos de México (CIRM), que fue clausurado en 1985.

Años más tarde, en 1989, Ratzinger ordenará al entonces nuncio apostólico en México, Girolamo Prigione, el cierre del Seminario Regional del Sureste (Seresure), donde se preparaba a los aspirantes al sacerdocio de toda la región pacífico sur del país desde una clara opción eclesial por los marginados y excluidos, los indígenas y la inculturación del evangelio. La orden fue ejecutada por el entonces obispo de Tehuacán Norberto Rivera Carrera, casi al mismo tiempo que protegía al sacerdote pederasta Nicolás Aguilar. Después, en mayo de 1996, Ratzinger pisará por vez primera[1] tierras mexicanas para reunirse con los obispos de América Latina presentes en el II Encuentro de Presidentes de Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe en América Latina, en Guadalajara, donde dictará una conferencia sobre la situación actual de la fe y la teología, y afirmará la pérdida de vigencia de la teología de la liberación que él mismo atacó y puso en crisis. Tras este encuentro con los obispos del continente, realizará una visita privada, furtiva[2], a la ciudad de México acompañado de su amigo, y actual Secretario de Estado de El Vaticano, Tarcisio Bertone, para reunirse con Girolamo Prigione, hacer turismo religioso e incluso celebrar misa en la Basílica de Guadalupe. Un año después (1997), el Colegio Máximo de Cristo Rey, de los jesuitas, donde se continuaba la herencia de la teología de la liberación en la formación de los religiosos, correrá con la misma suerte que el ITES y el SERESURE, y la mayoría de sus estudiantes, pertenecientes a diversas congregaciones religiosas, migrarán a la Universidad Pontificia de México. Por esas mismas fechas, los institutos intercongregacionales de formación para religiosas serán intervenidos por la autoridad vaticana, y desmantelados sus programas de formación teológica comprometida con la realidad social y política del país.

En tal contexto, no es de extrañarse que muchas y muchos no reciban a Benedicto XVI con los brazos abiertos, como si el sólo hecho de haber recibido la investidura papal borrara automáticamente todas las deudas que tiene con la Iglesia y los pueblos de México y América Latina, donde sistemática e inmisericordemente combatió a obispos, sacerdotes y comunidades eclesiales comprometidas con las causas de los pobres, como lo demanda el evangelio, y nos legó, en mancuerna con Juan Pablo II, una institución eclesiástica débil, comprometida con nada que no sea ella misma y con acrecentar sus prerrogativas ante los poderes políticos y económicos del país. Es entendible que aún a pesar de ello, muchas y muchos ansíen la visita del papa, para salvar sus futuros políticos, o eclesiásticos, o porque en un país sumido en la ola de violencia y de muerte, todos buscan de qué esperanza, por muy débil que sea, asirse.

Pero es claro también que muchas y muchos creyentes se mantienen al margen de la visita, las mayorías pobres de este país, que tienen que sobrevivir día a día, no tendrán la oportunidad de participar del “show” preparado en vísperas de un proceso electoral que también suma vanas esperanzas para los pueblos. También la gente de iglesia comprometida aún con la liberación de los pobres, a pesar de los ataques frontales que durante décadas han recibido de El Vaticano, mira con ojos distintos la presencia del papa en México, porque no ha olvidado lo que estas visitas representan para la iglesia de las bases, conocen en carne propia la otra cara de la moneda[3]; saben que mientras Juan Pablo II venía a México y a América Latina con los brazos abiertos sembrando esperanza, con sus otros brazos ocultos, los cardenales Joseph Ratzinger y Alfonso López Trujillo (†), cortaba, minaba de raíz esas mismas esperanzas, al combatir la teología de la liberación y a quienes hacían una opción clara y firme por combatir, desde su fe, a las estructuras de poder que empobrecían, asesinaban, desaparecían a los pueblos; cuyas figuras emblemáticas están en los obispos Oscar A. Romero (†), Sergio Méndez Arceo (†), José Llaguno (†), Bartolomé Carrasco (†), Samuel Ruiz (†) y, todavía, Raúl Vera.

¿Por qué ahora habría de esperarse algo distinto? Ante la oleada de descontento por la proximidad de la visita papal con las elecciones federales en el país la jerarquía católica, en voz del secretario de la Comisión de Relaciones Iglesia Estado de la Conferencia del Episcopado Mexicano, ha insistido en el carácter estrictamente pastoral de las visitas papales, como si la primera visita de Juan Pablo II (1979) no hubiera tenido nada que ver con su combate al fantasma del marxismo en la teología de la liberación avalada por los obispos del continente reunidos en su III Conferencia Episcopal en la ciudad de Puebla; como si la segunda (1990) y tercera (1993) no hubieran tenido como objetivo propiciar el restablecimiento y fortalecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano[4]; y como si las subsiguientes visitas (1999 y 2002), fueran sólo el capricho de un viejo papa devoto de Guadalupe y no la ocasión para consolidar en México y el continente una iglesia, un episcopado, desmovilizados, descomprometidos con la realidad social y política de pobreza y corrupción, que es radicalmente opuesta al ideal religioso de salvación que la misma iglesia predica a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965), cuando hace suyas “las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”.[5]

Si aún fuera el caso que su visita fuera eminentemente pastoral, ¿qué pastoral viene a promover Benedicto XVI? Con duda en su discurso y agenda encontraremos un último signo de arrepentimiento de un papa viejo, que pida perdón a la iglesia latinoamericana y caribeña por tanto mal hecho, que se comprometa con las víctimas de abuso sexual en la iglesia reparando el daño y estableciendo las medidas necesarias para erradicar dicho mal, con la misma fuerza y dureza que ha combatido a la teología de la liberación o el aborto o la homosexualidad; no encontraremos seguramente un Ratzinger que respete el estado laico y sea capaz de denunciar proféticamente las causas reales de la pobreza en nuestro continente, que es la voracidad de los ricos y poderosos, casualmente todos ellos gente muy religiosa y/o católica.

No, lo que encontraremos en sus discursos, alusiones, acciones, es la ratificación de una agenda moral y política muy clara, que él mismo dejó entrever en su homilía del 12 de diciembre pasado, donde afirma que si América Latina quiere emerger con protagonismo propio en el concierto mundial debe primero apostar por la defensa de una cultura de la vida [desde la concepción hasta la muerte natural], la defensa y promoción de la verdad y belleza del matrimonio [entre hombre y mujer] y la familia [formada por papá, mamá e hijos], la superación del déficit educativo [mediante la enseñanza de la religión en las escuelas públicas] y del déficit de las instituciones políticas [eliminando el Estado laico], y la lucha por una mayor equidad social.[6]
Queda claro que no es una visita sólo pastoral; que hay profundos intereses políticos, que no viene sólo como papa, sino también como jefe de Estado, tal y como lo afirmó en rueda de prensa el propio obispo Carlos Aguiar Retes, presidente tanto de la Conferencia del Episcopado Mexicano, como del Consejo Episcopal Latinoamericano, desmintiendo sin darse cuenta a su mismo vocero de relaciones Iglesia-Estado.[7]

 
Hay implicaciones políticas, electorales, económicas, pastorales en juego. Y una agenda internacional que El Vaticano quiere ver impuesta a toda costa en México y a lo que la visita pretenderá coadyuvar, según han señalado los especialistas de las religiones en nuestro país[8], y cuya antesala ha sido la aprobación en la cámara baja, de una reforma al artículo 24 constitucional, que busca impulsar una particular comprensión de la libertad religiosa, como el instrumento para que la jerarquía católica pueda obtener mayores privilegios de los que ya goza, de facto, en nuestro país.[9] Lo que está aún por valorarse, es si este papa tendrá la misma fuerza, capacidades diplomáticas y sobre todo tiempo, para continuar el legado de su antecesor.
Cuando un papa de salud frágil, que precisamente por ser esa debilidad física signo del fin de su pontificado enfrenta además una crisis de gobernabilidad en la curia vaticana, decide venir a nuestro país, es natural abrigar razones poderosas para temer una embestida que atente no sólo contra nuestras leyes fundamentales, sino asimismo contra nuestras culturas y religiosidades autóctonas, contra la diversidad religiosa cada vez más patente en México, contra los derechos de las mujeres y las minorías sexuales, contra una iglesia libre y comprometida.
En tal contexto y pretextos, no podemos sino exigir trasparencia y honestidad a una iglesia institucional desprestigiada, sin calidad moral, cada vez con menos influencia en su feligresía y en la sociedad; es también un llamado a esa misma cúpula eclesiástica a poner en práctica lo que pregonan precisamente en este tiempo que llaman la cuaresma: el arrepentimiento de sus faltas, la confesión pública de las mismas y la conversión, que aplica cuando es posible la reparación del daño hecho.
A Benedicto XVI le decimos que, ante la desgarradora situación que vive el país, ojalá su mensaje sea de paz, claro y firme, que sea capaz de sacar a la jerarquía católica mexicana del silencio ominoso y cómplice ante la violencia que vive el país, cuando en todo este tiempo no se ha preocupado por los estragos de la violencia en la población, y sólo ahora, ante la inminente visita papal, llama a los cárteles a una tregua, a respetar la visita papal.

Ojalá su mensaje sea también de justicia social, donde primen los intereses de los pobres y no de los poderosos, de tal modo que motive a las iglesias católicas a asumir un compromiso renovado por “trabajar públicamente por la justicia, la verdad y el amor en el camino de la no-violencia y la resistencia civil pacífica”, colocando por delante de sus acciones “la defensa del oprimido y de las víctimas de la violencia en nuestro país, como sujetos activos de transformación”.[10]

Domingo, 4 de marzo de 2012
® Observatorio Eclesial

[1] ¿Y última? Es esta la única visita anterior que hemos podido rastrear del actual papa a nuestro país.
[2] Y breve, pues por prescripción médica no debía, ni debe visitar lugares altos. Esta es la razón esgrimida para explicar que su visita no será en Ciudad de México, sino Guanajuato; aunque no resulta satisfactoria del todo.
[3] Y no nos referimos únicamente al costo económico que las visitas representan para el pueblo mexicano y para la feligresía católica, ni sólo al enriquecimiento propio que de ellas hacen grandes empresarios, gobiernos y jerarquía católica, lo cual sin embargo ya sería lo suficientemente inmoral para rechazar la visita papal; bastando para ello un ejemplo: el del gobierno estatal que, según cifras oficiales ha invertido 8 millones de pesos en infraestructura de la visita, pero espera recuperar más de treinta en cuotas por acampado, venta de comida y estacionamiento a los peregrinos. En el mismo sentido, ya las últimas visitas de Juan Pablo II pusieron en la palestra pública los beneficios económicos obtenidos (o perseguidos) por la jerarquía católica, al hacerse de muchos patrocinadores, usar mano de obra gratuita para las actividades (su propia feligresía), así como el empleo mismo de recursos públicos. Por ello no puede resultar más que sorprendente que en esta visita papal, sólo haya tres patrocinadores “oficiales”: Bimbo, Chrysler, Aeroméxico, según aparecen en la web oficial del Episcopado Mexicano.
[4] Y como si, este año, no se cumplieran precisamente 20 años de dicho restablecimiento diplomático.
[5] Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” sobre la Iglesia en el Mundo Actual, n. 1.
[6] Citado por el Secretario de la Comisión Pontifica para América Latina, prof. Guzmán Carriquiry, en Radio Vaticana, 2012-01-22. Lo dicho entre corchetes son nuestros, como una explicitación de la agenda política de la Iglesia católica, tal y como la ha impulsado públicamente. v. infra.
[7] Rodrigo Vera, “Toca a Presidencia repartir invitaciones para ver al Papa: CEM”, en Proceso, 31 de enero de 2012.
[8] “Masferrer Kan indica que a pesar de que la Conferencia del Episcopado Mexicano ha reiterado hasta el cansancio que la visita del Pontífice tiene objetivos pastorales, su llegada parece meticulosamente pensada para tratar de influir en el voto de los sectores más conservadores. Para el experto en religiones, el PAN negoció una visita papal en pleno proceso electoral en un intento por mantener el control del gobierno; mientras que la Iglesia Católica la aceptó para evitar la pérdida de más fieles.” (Reforma, 29 de Enero del 2012)
“Roberto Velázquez Nieto, investigador del Archivo Secreto Vaticano y especialista en la relación diplomática entre ambos Estados, asegura: ‘Entre estas libertades el acuerdo incluirá la instrucción religiosa en las escuelas públicas, la creación de una partida presupuestal para apoyar económicamente al clero, la creación de una diócesis exclusiva para las Fuerzas Armadas mexicanas y, por último, el permiso para que la Iglesia pueda poseer medios de comunicación masiva’.” (Proceso, 28 de enero de 2012)
[9] Estos privilegios tiene que ver con la posibilidad de imponer su agenda moral en lo público, vulnerar las leyes, alterar el orden de la sociedad, violar los derechos humanos al interior de la iglesia; sin que haya consecuencias jurídicas, ni castigo.
[10] Posicionamiento público de las iglesias por una paz con justicia y dignidad, 12 de septiembre de 2011, http://iglesiasporlapaz.blogspot.com/

Esta conferencia se presentó en Iteso en 2024 para ofrecer una reflexión sobre el legado y el impacto de Jorge Manzano SJ en el fomento del ...